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El emperador de Ferrari puso el dedo hacia abajo

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MONTEZEMOLO Y EL ADIÓS DE DOMENICALI



“Por el momento, tengo ‘macrodesafíos’ y ‘microdesafíos’, y por ahora estoy afrontando los temas mayores, pero a la vez estoy conociendo algunas de las fortalezas de alguna gente que se ha unido a la compañía recientemente en los últimos dos o tres años para tener un mejor juicio en referencia al futuro. Así que no he dado grandes pasos todavía, pero lo haré”. No son palabras de crisis, pero no de Luca Montezemolo, sino de Ron Dennis, en una reciente entrevista en la que volvía a justificar las razones de su retorno a la gestión del equipo McLaren.

“La razón de por qué le he pedido que se una al equipo es que es un auténtico racer, entiende las carrera porque viene desde abajo, y este es un gran valor cuando diriges un equipo de carreras. Tienes que haber pasado por las categorías inferiores para entender ganar y perder de forma diferente”. ¿Luca de Montezemolo? No. Otra vez Ron Dennis, sobre la elección de Eric Bouiller como responsable directo del equipo británico. En cambio, el nuevo responsable de Ferrari Gestione Sportiva es Marco Matteaci, un gran gestor de éxito a juzgar por su trayectoria profesional.



Las razones de un nombramiento



Puede que el nombramiento de Matteaci solo suponga una fase de transición ante la llegada a Ferrari de un ‘peso pesado’ de la competición. Puede que represente una apuesta por un enfoque estricto y aséptico de gestión organizativa y empresarial, y una modernización del esquema directivo de la Scuderia. O puede que sea otro ejemplo de la cultura que ha guiado los pasos y el destino de Ferrari en estos últimos años, una cultura cuyas guías básicas de dirección son inspiradas, en todo caso, por el líder de la organización.

Stefano Domenicali conocía Maranello desde hace más de dos décadas. Una personalidad racional, equilibrada, metódica, y universalmente querida y respetada. Alguien a quien no sólo le corría la sangre roja por las venas debido a su condición humana, sino también por su amor a la Scuderia. Domenicali fue el elegido por Montezemolo como máximo exponente de la crescita interna, la ‘italianización’ de la gestión de Ferrari con miembros del equipo que habían trabajado a las órdenes de Todt, Brawn y Byrne.




Bajo el férreo liderazgo del ahora presidente de la FIA, el famoso ‘gang Schumacher’ adoptó el famoso “testudo” de las legiones romanas, un escudo protector de injerencias externas para la gestión cotidiana del equipo. Montezemolo era también el presidente de Ferrari, sí, pero con otro margen de maniobra. Cuando se deshizo el equipo que ofreció a Ferrari la mayor época de toda su historia, el presidente ya no quiso perder el control de la Scuderia.

Una cultura, unos valores, unos resultados

Stefano Domenicali se convirtió así en la fiel correa de transmisión del presidente, en un gestor ejecutivo para lo cotidiano, pero cuyas últimas decisiones dependían del nihil opstat del gran patricio que volaba en otras alturas, otras capas de la atmosfera de la vida social y política italiana. Alguien que no quiso, no pudo, o no estaba en condiciones de dar las respuestas ‘macro’ a los nuevos desafíos que planteaba una nueva y diferente Fórmula 1.

Además, en Ferrari parecía haberse impuesto esa cultura tan latina del ‘paterfamilias’ romano, del patricio que, a través del calor humano y el favor social, fomenta el clientelismo basado más en los principios de lealtad incondicional.  Y en la Fórmula 1, el espíritu de “familia” no parece ganar campeonatos…



El sentido estratégico y organizativo

“El propio Helmut Marko reconocía (en 2011) que el equipo austríaco tenía “cero errores” con su túnel de viento y herramientas de trabajo. ¿Por qué en Ferrari se ha demorado tanto coger el toro por los cuernos? Su túnel se cerró en octubre de 2012, y ¿aún hay quien se extraña de que Alonso perdiera la paciencia en el Gran Premio de Hungría de 2013? Al llegar a Yeongam, el español nos recordaba su conversación con Montezemolo tomando el reciente desenlace de la America's Cup como ejemplo de esperanza para la remontada. Sin embargo, hoy Ferrari más se asemeja a un petrolero que una sofisticada embarcación de alta velocidad. Por aquello del lento cambio de dirección”, escribíamos tras el Gran Premio de Corea. Quien dirige el barco y marca el cambio de rumbo es el capitán, no el contramaestre.

En definitiva, la falta de respuesta a los desafíos técnicos parece responder a la falta de sentido organizativo y estratégico de Ferrari. En la pista, y salvo aquel fatídico Abu Dabi de 2010, los hombres de la Scuderia sí que pueden estar orgullosos.

Los pecados de Domenicali

Domenicali tenía unas responsabilidades que asumir, y lo ha hecho. O le han obligado a asumirlas. Puede que su autoridad moral no fuera lo suficientemente sólida en Maranello, o puede que entre sus pecados se incluyera no haber sabido plantarse con la suficiente firmeza ante la falta de decisiones estratégicas que sólo el propio Montezemolo podía y debía tomar. Cuando se han adoptado, de momento, no han ofrecido resultados.

¿Cómo resolverán dos líderes de lenguajes y estilos tan diferentes como Ron Dennis y Luca de Montezemolo la crisis de sus respectivos equipos? De momento, por la singular posición de Ferrari, el graderío rugía pidiendo sangre en el circo romano tras la humillación del Gran Premio de Baréin. En la arena, un personaje solitario. Para aplacar la furia colectiva, el emperador bajó su dedo hacia abajo… Si es el comienzo del gran cambio que necesita Ferrari, lo veremos en el futuro. De lo contrario, el graderío terminará volviendo la vista hacia el propio IMPERATORE.



Javier Rubio.
EL CONFIDENCIAL


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