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Marco Mattiacci: un ejecutivo agresivo al frente de Ferrari, Alonso y Raikkonen

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GESTOR SIN EXPERIENCIA EN FÓRMULA 1




“Cuando uno es italiano sus sueños son dos: ser el mejor jugador de fútbol o el director de Ferrari”. Marco Mattiacci (Roma, 1972) se ha quitado el nudo de la corbata roja dejándola apartada -no desterrada- sólo para eventos determinados. Los zapatos, la camisa, la chaqueta y los pantalones de pinza los ha cambiado por unas zapatillas Puma, un polo rojo y unos pantalones cómodos. Lo que más aprieta de su nuevo rol no es su vestimenta, sino la responsabilidad mediática a la que normalmente está expuesto el director de la Scuderia Ferrari. Mattiacci, premiado en 2012 por la industria automovilística como el ejecutivo del año por su liderazgo, aterriza en una estructura que tocó fondo en su última actuación de Bahrein y que lleva un lustro sin cosechar éxitos (en 2008 logró su último campeonato, en este caso de Constructores). Un gestor de la casa, y novato en lidiar tareas del paddock de Fórmula 1, ha sido el elegido para sustituir a Stefano Domenicali al frente de la Gestione Sportiva y tratar de revertir esta compleja situación.

La llegada de Mattiacci no equivale a un coche mejor. Ni si quiera a que se vayan a tomar decisiones más acertadas durante las próximas carreras. A corto plazo, Marco Mattiacci representa aquello de ‘mismo perro con distinto collar’ porque las habilidades diligentes que le han hecho destacar durante sus catorce años en Ferrari tardarán un tiempo en que se plasmen, incluso en los temas políticos que siempre rodean al Gran Circo. Tanto para esto último como para desempeñar su labor de optimizar al máximo los recursos con los que cuenta el equipo de Maranello, primero, deberá explorar a fondo cuáles son sus armas. Y, segundo, Montezemolo deberá delegar totalmente en él.

Un Willy Fog con el escudo de Ferrari en su maleta

“Estuve cuatro años en China para expandir el mercado, recuperar el japonés y desarrollar toda la región del pacífico”, explicó en una entrevista reciente a Terra México. Atendiendo a su curriculum da la impresión de que Mattiacci ha sido el culpable de un impulso de la marca Ferrari por todo el mundo. Empezó en Sudamérica y ha pasado por Middle East, Finalndia y Rusia, Asia y Estados Unidos, donde actualmente era el CEO del área más grande para la compañía y en 2013 consiguió un récord de ventas para la compañía con 2035 vehículos vendidos y un 9% de crecimiento.

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Montezemolo ha depositado su confianza en una persona ajena a las carreras, del mundo empresarial que, hasta ahora, ha sabido manejar el potencial de Ferrari como marca para ayudar a que la compañía alcanzase el año pasado unos ingresos de 2300 millones de euros. Ahora bien, Mattiacci ingresa en un sector, el deportivo, en el que hacer las cosas bien en un despacho no garantiza el éxito. Cierto es que, dentro del deporte, la Fórmula 1 es una disciplina donde se tienen bajo control más variables porque hay de por medio una máquina, pero sigue siendo un deporte y 2+2 no tienen por qué ser 4.

“Me consta que es un gerente muy respetado y que conoce bien la compañía. Ha aceptado con entusiasmo este reto”. Luca di Montezemolo, en sus primeras palabras hacia el nuevo director de la Gestione Sportiva de Ferrari fue escueto, quizás por respeto al que se va, y utilizó términos del mundo empresarial como “gerente” o “compañía”. La sensación que desprende este movimiento es el de una firma que contrata los servicios de una consultoría para optimizar sus recursos (en este caso, la consultoría es de la casa). La gestión de la consultoría en muchos casos es temporal...

Un Ferrari adecentado, la herencia de Domenicali

A diferencia de Domenicali en 2008, Mattiacci aterriza en una estructura sin un (aparente) desfase tecnológico –túnel de viento reformado y nuevo simulador, entre otros-, y con dos campeones del mundo a los mandos de sus monoplazas. Además, recibe la herencia de una reestructuración interna cuya última e importante incorporación fue la del ingeniero James Allison, director técnico desde hace sólo unos meses.



Sin tener los conocimientos de un hombre de carreras (de momento) Mattiacci confiará en lo que tiene para exprimirlo al máximo. Cuando haya anotado en su cuaderno todos los elementos con los que cuenta su cadena de producción tendrá como misión mejorar su rendimiento. Tendrá por delante un profundo análisis de qué falla en Ferrari para no haber dado en la tecla correcta durante tanto tiempo. Fuera de Maranello, sus facetas de ejecutivo las aplicará para defender al Cavallino Rampante en ese otro apartado de la Fórmula 1, el político, que resulta tener consecuencias tan importantes para el devenir en la pista.

¿No risk, no glory?

El que propone Montezemolo es un modelo diferente al de rivales como Red Bull, McLaren o Mercedes, cuyos actuales ‘team principal’ son hombres que han tenido un amplio contacto con el olor a goma quemada.

Quizás este sea un nuevo concepto que en el futuro reporte éxitos. El tiempo dirá si, como en Red Bull, Mattiacci asume un papel similar al de Christian Horner y Allison al de Adrian Newey, en quien existe una fe ciega y hace y deshace en el equipo –y coche- como si fuera suyo. Tal vez sea el primer paso para desprenderse del adjetivo ‘conservador’ al que va ligado la Scuderia, aunque eso no depende de Marco, sino del propio Luca di Montezemolo quien, para empezar, se ha salido del carril habitual con esta contratación. Del despacho a los circuitos y de dar órdenes a ejecutivos a hacerlo a ingenieros y deportistas de la talla de Fernando Alonso y Kimi Raikkonen.

Víctor García

EL CONFIDENCIAL

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